Los parroquianos de la parroquia de Likuyani recibieron cálidamente a las Hermanas Sarah, Judith y Petronella y les hicieron regalos para su hogar.

Los parroquianos de la parroquia de Likuyani recibieron cálidamente a las Hermanas Sarah, Judith y Petronella y les hicieron regalos para su hogar.

Por Hermana Sarah Chepkorir

Hace más o menos un año, las Hermanas Petronella Muteshik, Judith Sambu y yo fuimos recibidas cálidamente en la parroquia San Juan Bautista en Likuyani, diócesis de Kakamega, Kenia. Los parroquianos nos trajeron todo lo posible para que pudiéramos comenzar nuestro nuevo hogar. Hasta nos ofrecieron un lugar para vivir mientras buscábamos fondos para construir nuestro propio convento.

Nuestro llamado como Hermanas de las Escuelas de Nuestra Señora es “construir la unidad” y nosotras tres vinimos a Likuyani para seguir esta misión de Cristo.

La gente de Likuyani es de diferentes culturas y tribus, con una dolorosa historia y la experiencia de violencia post-electoral (2007-2008) que arrastró a nuestro país a la confusión y traumatizó a muchos. Hubo no solo pérdida de vidas y de bienes, sino también pérdida de confianza mutua.

Al acercarse la elección del país de 2017 intensificamos nuestros esfuerzos como pacificadoras y reconciliadoras. En nuestro trabajo con grupos de mujeres, jóvenes y niños en la parroquia seguimos alentando a todos sobre la importancia de la coexistencia como una familia de Dios. Hemos tratado también de alcanzar a ancianos pobres que no tienen a nadie que los visite y hacienda esto hemos encendido una luz de esperanza y amor en sus vidas.

Nuestro don es el de comunidad y presencia para la gente. Lentamente la gente está estando reconcilida y aceptándose mutuamente como hermanos y hermanas.

Yo soy también voluntaria como maestro en la escuela primaria Elizabeth. Es una oportunidad de educar a los alumnos a vivir en armonía, ver a Cristo en el rostro de todos y llegar a los vulnerables. Lo hago mediante poemas, dramatizaciones, cantos y en el transcurso de mi enseñanza, así como durante sesiones de orientación y asesoramiento.

Nuestra presencia en Likuyani poco a poco está echando raíces y la gente está llegando a entender y apreciar nuestro modo de vivir como religiosas. Realmente estamos agradecidas por el apoyo de los parroquianos de Likuyani. En su generosidad nos demuestran que nadie es demasiado pobre para dar y nadie es demasiado rico para recibir; juntos seguimos la misión de Cristo “que sean uno”.

 

Fuente de la foto: Hermana Joan Namulanda, Nairobi, Kenya

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